18 marzo 2008

LA MELANCOLICA MUERTE DEL NIÑO OSTRA


NOTA PREVIA; Ayer fui al ginecólogo, (el ambulatorio se está volviendo ya mi segunda casa) y la cosa iba extraordinarimente lenta. Los pacientes nos fuimos aglomerando y las conversaciones circunstanciales florecieron. Mi compañera de banco era una embarazada ya madura y extraordinariamente habladora. Me confesó que estaba contenta porque este embarazo le iba bien y me contó con toda suerte de detalles, cómo habia "interrumpido" su anterior embarazo por que le habían diagnosticado una espina bífida. Me estremecí de arriba a bajo por que simultameamente vi muerta a una vecina mía que padece esa malformación y a la que adoro, vi las filas de discapacitados a la espera de ser gaseados en los campos de exterminio y sentí la necesidad imperiosa de volver a leer este poema de Burton.

LA MELANCOLICA MUERTE DEL NIÑO OSTRA
Se le declaró en la costa,


y en la playa fue la boda.


Su larga luna de miel


en la isla de Capri fue


Para la cena el mesero


les puso un solo platillo:


un gran caldo de mariscos.


La novia pidió un deseo.


Y el deseo se realizó


.Dio al fin a luz un bebé.


Pero éste ¿era humano o no?


Bueno, quizá.


Tal vez.


Diez dedos en pies y manos,


y demás órganos sanos.


Podía sentir y escuchar.


Pero ¿normal?


No, ni hablar.


Este engendro antinatura,


Este cáncer indecente,


Era la imagen viviente


de toda su desventura.


Ella se quejó al doctor:


“No es hilo de mi madeja.


¿De donde sacó ese hedor


a salmuera, pez y almeja?”


“Y ha sido usted afortunada.


Yo la semana pasada,


trate a una niña con pico


y tres orejas.


¿Me explico?


Si es mitad ostra su niño,


búsquese a otro a quien culpar.


-Y añadió con cierto guiño -


¿Se ha puesto a considerar


una casita en el mar?”


No sabían como llamarlo.


A veces le decían Carlo


y a veces -con voz perpleja-


“eso que parece almeja”.


Encogido el corazón,


Ninguno en verdad sabía


si el chico ostra algún día


rompería el caparazón.


Los cuatrillizos Montalvo


cierta vez se lo toparon.


Le espetaron un “¡Bivalvo!”


y enseguida se escaparon.


Una tarde en que llovía,


Carlo se sentó en la calle.


Y miró arremolinarse


el agua en la alcantarilla


Aparcada en la cuneta,


conmovida y afligida,


su madre daba salida


a su congoja secreta.


Ya se habían acostado


una noche, y ella dijo:


“Cariño, huele a pescado


y yo creo que es nuestro hijo.


Y aunque dicen que una dama


debe callarse esas cosas,


me parece que le endosas


tus problemas en la cama.


” El probó cuanta loción


pudo hallar en el mercado.


Tenía el cuerpo colorado


y comezón, comezón.


Y de rascar y rascarla


piel le empezó a sangrar


El doctor, tras una pausa, dijo:


“El remedio a su mal


podría ser su misma causa.


Las ostras, como sabéis,


dan gran potencia sexual.


Supongo que si os coméis


a vuestro niño podréis saciar el ansia carnal.


Se acerco muy de puntitas,


muy a oscuras y en celada,


porque no notara nada


quien le daba tantas cuitas.


Y en voz muy baja le dijo:


“Carlo queridísimo, hijo:


no quisiera interferir


ni causarte desconsuelo.


Pero ¿has pensado en el cielo,


o te has querido morir?”


Carlo parpadeo al oírlo


pero no le dijo nada.


Su papi apretó el cuchillo


y se aflojó la corbata.


Cuando lo levantó en vilo,


Carlo le mojó el abrigo.


Y en su boca ya la valva,


se escurrió por su garganta.


En la costa lo enterraron,


en la arena, junto al mar.


Una oración murmuraron


y se fueron a cenar.


Una cruz que daba pena


marcaba su sepultura


y unas letras en la arena


prometían vida futura.


Pero al subir la marea


una ola grande y fea


borró sin pena ni gloria


para siempre su memoria.


De regreso en el hogar,


él se le empezó a acercar.


Le besó y le dijo:


“Bella, hagamos otra faena.”


“Pero esta vez –susurró ella-


pidamos que sea una nena.”
Tim Burton

1 comentario:

Tale dijo...

Vaya tema de conversación el de la vecina de sala de espera, para un lugar así.

Aún con todo es dificil fijar barreras, o proyectar ese tipo de decisiones, y aún más tomarlas.

Esas decisiones siempre personales hay que tomarlas con pinzas.