25 febrero 2008

DE NUEVO LA PESTE, DE NUEVO MAYO DEL 2007, DE NUEVO SDEROT


Comentaba Tale en otra entrada de mayo del 2007 de mi blog sobre los Quassam, a los que la prensa denomina "Cohetes de fabricación artesanal", que un Quassam III tiene una cabeza explosiva de 10kg (una bomba de 40 kg puede derribar un edificio) y no tiene ningún sistema de guía, cae totalmente al azar sobre el área donde se apuntó.Se trata de una lotería siniestra con el único valor militar de crear terror y sembrar muerte. Y sin duda lo consiguen. Es algo tan idiota como absurdo.
El comentario ilustraba la siguiente noticia:
El propietario de este coche se llamaba Oshri Oz, era informático, vivía en Hod Hasharon y se desplazaba a donde era preciso para arreglar ordenadores. Tenía 36 años.
Ayer, 27 de mayo, le tocó hacer un arreglo en Sderot, se pilló el coche y se fue para allá, como habria hecho otras tantas veces. Pero ayer un cohete Kassam disparado desde Gaza impactó en automóvil y lo hirió gravemente. Su esposa, mirando distraida la televisión, vio las imagenes de su coche con el impacto y supo inmediatamente que aquel anónimo herido grave era su marido. Al rato le fue informada de su fallecimiento al poco tiempo de ingresar en estado crítico al Hospital Barzilai de Ashkelon.
Y hoy otro hombre fue herido levemente por un Kasam . Otros tres impactaro mientras votaba en las elecciones primarias laboristas el líder del partido y ministro de Defensa, Amir Peretz, candidato a la reelección. Uno de los cohetes cayó en un espacio abierto, otro en un cementerio y un tercero cerca de un establo. Otros cuatro impactaron en zonas deshabitadas del oeste del desierto del Neguev. Según el Ejército, en los últimos quince días las facciones
palestinas lanzaron unos 250 cohetes.
Como en La peste. De Camus
Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.

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