17 julio 2008
NO TENGO PALABRAS, PERO TAMPOCO DUDAS
Prefiero llorar a dos muertos que han dado sus vidas por defender sus gentes, su tierra, sus sueños y la libertad de todos, que celebrar en las calles la liberación de alguien que se complace en que una niña de cuatro años presencie la sádica tortura de su padre antes de asesinarla también a ella a golpes.
Cuanto más leo sobre Samir Kuntar, más me gusta Hannibal Lecter
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NOTICIAS
13 julio 2008
LA VIDA FAMILIAR DEL PROFETA. SUS ESPOSAS
Jadiya fue la única mujer en la vida de Mahoma desde el año 595 hasta el 619. año en el que ella murió.
En su viudez contrajo diversos matrimonios:
- Se casó con Sawdah
- Al poco tiempo se prometió con Aisha, hija de Abu Bakr —quien posteriormente sucedería a Mahoma—. Esta es su unión más polémica, pues según algunos hadices, Aisha sólo tenía 6 años cuando fue prometida al profeta, que tenía 54, y 9 cuando el matrimonio se consumó . Hay sin embargo estudiosos musulmanes que creen que dichos datos son erróneos y que Aisha era algo mayor. En cualquier caso este precedente da pie a que aún hoy en el mundo islámico se sigan prometiendo y entregando en matrimonio a niñas. ´
- Más tarde se casó con Hafsa,
- Luego desposó a Zaynab (que era la mujer de su hijo adoptivo Zaid)
- La siguiente en entrar en su harén fue Ramlah, hija de un líder que combatió a Mahoma
- Luego desposó a Umm Salama, viuda de un combatiente musulmán.
- Más tarde se casó con una cristiana de nombre María
- Quizá como muestra de su multiculturalidad se casó al poco con una judía de nombre Safiah.
- Posteriormente tuvo varias otras esposas, de número impreciso pero estimadas en no menos de 20. Algunas de estas mujeres eran esposas de seguidores de Mahoma muertos en batalla, mientras que otras eran hijas de sus aliados.
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EL ISLAM
12 julio 2008
PERSEPOLIS

Hasta ayer no había tenido ocasión de ver "Persépolis", película que desde ayer no me queda más remedio que recomendar fervientemente.
Inicialmente "Persépolis" es la vida de una persona, Marjane Satrapí, una niña iraní que asiste a los cambios que suponen en su país la revolución islámica. Luego la pequeña, ya mayor y en el exilio, plasma en un cómic toas sus vivencias y finalmente tenemos la película.
Persépolis tiene eso que distingue al arte de una mera documentación, esa vida llena de crítica hecha con humor, amor y sensibilidad sin dejar por ello de hacer temblar a los dictadores.
Hecha en Francia, país del exilio de la autora, la película se estrenó hace un año en Francia (el 27 de junio) contando en su versión original con las voces de Catherine Deneuve y su hija Chiara Mastroniani y presentada en la sección oficial de Cannes (Con las severas protestas del régimen iraní). En España, la película se estrenó el 31 de octubre de 2007.
Sonrie: Mahmud Ahmadineyad tiembla ante unos "dibujitos animados"
Tiembla: El islam no está tan lejos de nosotros y tal vez ya no quede una Francia desde donde denunciar las aberraciones integristas

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EL ISLAM
03 julio 2008
TARDES DE PASEO Y PARQUE
Mi vida discurre ahora en el desarrollo de tareas ingentes:
cuidar de mi Alien y enseñar al perro a que el carrito no es un trineo.
Esta tarde una mujer en un parque me ha preguntado si le daba el pecho (creo que se refería al niño)
- ¿El pecho? No, Señora, le doy los dos
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EN MIS PLAYAS
17 junio 2008
Ya en casa
Ahora, que unos pocos días me separan de la intensidad de los hechos vividos, me sigue resultando imposible definir y ordenar todas las cosas que se desatan cuando las aguas se rompen y se inician las contracciones.
Se empieza a dar una mezcla de excitación y de miedo corriendo por las venas, una amalgama confusa de fortaleza y de debilidad, una encrucijada de expectativas, de dudas y de atávicos temores.
Viene.
Llega.
Cada contracción es brillante, como el tañido de la trompeta que anuncia la llegada de un gran señor, de un rey.
El dolor al principio es muy tenue, soportable. Luego emprende un diabólico cressendo hasta atenazar el cuerpo entero y llenarlo de ganas de empujar. Y madre e hijo colaboran en su primera gran complicidad.
Duele, pero no duele, por que ese dolor no es en realidad dolor, es tensión, es batalla y es triunfo gozoso, un desgarrador orgasmo.
Me hicieron un corte, en vivo, pues no quise anestesia. En la cúspide de una contracción un frio bisturí rajó mi vagina.
Me hicieron un corte, en vivo, pues no quise anestesia. En la cúspide de una contracción un frio bisturí rajó mi vagina.
¡Y no lo noté!
Como aquellos soldados que en batalla son heridos y continuan luchando, no por valor, sino por que el dolor les es ajeno.
Luego el médico introdujo la mano para ayudar al pequeño a sacar la cabeza y cuando iba a quejarme ante la brutalidad del gesto, un llanto acalló mis gritos! Shmuel había asomado su cabeza y lloraba.
Estaba muy sucio de sangre, era violáceo, feo… Pero al oir mi voz callaba, como si cualquier arrumaco fuera una Palabra decisiva, como si toda su felicidad dependiera de las vibraciones incomprensibles pero amadísimas de mis cuerdas vocales.
¡Que incoherente es sentirse un Dios postrada en una camilla, con un gotero en el brazo!
Estaba muy sucio de sangre, era violáceo, feo… Pero al oir mi voz callaba, como si cualquier arrumaco fuera una Palabra decisiva, como si toda su felicidad dependiera de las vibraciones incomprensibles pero amadísimas de mis cuerdas vocales.
¡Que incoherente es sentirse un Dios postrada en una camilla, con un gotero en el brazo!
¡Qué raro resulta saberse portadora del Tesoro más bello y más frágil cuando te meten en un ascensor con la frialdad de un camillero que ora lleva a una parturienta, ora a un esquizofrénico a una sesion de electroshok ora a un cadáver al depósito!
Por lo demás, ¿Cómo describir el contraste entre la frialdad de las habitaciones de un hospital y el torrente desbocado de ternura que afluye la primera vez que una boquita ansiosa busca instintivamente un pezón? ¿Cómo cuadrar la embriagadora alegría de la que ha parido con los protocolos médicos y la profesional alegría de las enfermeras?
Con la mañana llegan las visitas: todo es gozo. Mi hermano, mi sobrino, Toño, mi padre, la abuela y prima Lissi, David y sus hijos… Es como estar borracha o como narrar miles de veces cómo lograste la victoria tras una lucha penosa y desigual. Y a mediodía hay unos momentos mágicos, de intimidad. Las visitas se han ido y también la mujer de la cama de al lado. Nos hemos quedado solos padre, hijo y madre. Y todo son sonrisas gozosas. Llamadme cursi, me da lo mismo: ¡Que mezcla de orgullo y de júbilo contemplar cómo el padre toma al hijo por primera vez entre sus brazos! ¡Qué ilusión el primer cambio de pañal!
Al anochecer del primer día llega el bajón. Los puntos duelen, la sangre fluye con alarmante abundancia, los pechos se agrietan y el cansancio hace mella. El niño duerme, su padre se ha ido a cenar y yo me siento sola. Me asalta el temor a no hacerlo bien, el peso de la responsabilidad contraída. Entonces un recuerdo doloroso se precipita sobre mí como una fiera: mi madre. ¡Que duro es evocar en mi hijo lo que ella debió sentir al tenerme en su regazo! ¡Con qué fiereza renacen las ausencias y el dolor de la pérdida!
Y cuando me doy cuenta las lágrimas se deslizan por mi cara y trata de consolarme y me dice no sé qué gilichorrada de la depresión post parto, algo que se leyó en un libro cuando estudiaba, como si los sentimientos humanos se entendieran memorizando unos párrafos, como si las experiencias de ver nacer y ver morir no bastaran para arrancar el llanto, la alegría más feroz y un respeto reverencial hacia lo incomprensible, quizá a la trascendencia, a la fuente de la vida que acabo de rozar.
Por lo demás, ¿Cómo describir el contraste entre la frialdad de las habitaciones de un hospital y el torrente desbocado de ternura que afluye la primera vez que una boquita ansiosa busca instintivamente un pezón? ¿Cómo cuadrar la embriagadora alegría de la que ha parido con los protocolos médicos y la profesional alegría de las enfermeras?
Con la mañana llegan las visitas: todo es gozo. Mi hermano, mi sobrino, Toño, mi padre, la abuela y prima Lissi, David y sus hijos… Es como estar borracha o como narrar miles de veces cómo lograste la victoria tras una lucha penosa y desigual. Y a mediodía hay unos momentos mágicos, de intimidad. Las visitas se han ido y también la mujer de la cama de al lado. Nos hemos quedado solos padre, hijo y madre. Y todo son sonrisas gozosas. Llamadme cursi, me da lo mismo: ¡Que mezcla de orgullo y de júbilo contemplar cómo el padre toma al hijo por primera vez entre sus brazos! ¡Qué ilusión el primer cambio de pañal!
Al anochecer del primer día llega el bajón. Los puntos duelen, la sangre fluye con alarmante abundancia, los pechos se agrietan y el cansancio hace mella. El niño duerme, su padre se ha ido a cenar y yo me siento sola. Me asalta el temor a no hacerlo bien, el peso de la responsabilidad contraída. Entonces un recuerdo doloroso se precipita sobre mí como una fiera: mi madre. ¡Que duro es evocar en mi hijo lo que ella debió sentir al tenerme en su regazo! ¡Con qué fiereza renacen las ausencias y el dolor de la pérdida!
Y cuando me doy cuenta las lágrimas se deslizan por mi cara y trata de consolarme y me dice no sé qué gilichorrada de la depresión post parto, algo que se leyó en un libro cuando estudiaba, como si los sentimientos humanos se entendieran memorizando unos párrafos, como si las experiencias de ver nacer y ver morir no bastaran para arrancar el llanto, la alegría más feroz y un respeto reverencial hacia lo incomprensible, quizá a la trascendencia, a la fuente de la vida que acabo de rozar.
12 junio 2008
HA NACIDO!!
Entro con órdenes explícitas de Mar para anunciar gozoso que el pequeño ha nacido ayer. El parto fue muy bien, lo más natural que el sistema hospitalario ha permitido,(y finalmente sin anestesia, como Mar quería)Tanto la madre como el pequeño están estupendos.
Ella débil: ha perdido muchísima sangre. Y él exultante: ha descubierto el gozo de mamar.
El pequeño se llama Shmuel, ha pesado casi 4 kilos, y apunta maneras de ser pelirrojo en un futuro. Tiene un llanto poderoso y una inenarrable ternura cuando reposa en los brazos de su madre.
No sigo, o inundaré el teclado de babas. Esperamos que en un par de días Mar esté por casa y sea ella misma quien os cuente.
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